19/10/07

La sonrisa del Pierrot


Cuando las mañanas sonríen, cuando el círculo se cierra dando paso a las ilusiones, a las miradas más caninas, el Pierrot me mira y el Papillon revolotea haciéndome cosquillas en mi vientre de colores.


Ellas siguen atusando su cuerpo con la delicadeza que precede el encuentro, suavizando sus curvas, aromatizando los rincones más oscuros de sus pieles. La piel, esa piel que recoge el esperma lamido de sus labios, mordido de sus entrañas, minutos antes de darle de beber.


17/10/07

La Sombra de la Luna, un jueves cualquiera.




Se avecina un paciente cazador, o… era un pescador?
Un búho y una serpiente la acompañan, arrancándose las vestiduras.

Reconoce los sabores que enardecen en el cuerpo de sus presas. Cuentan que agazapada, sentada, inmóvil; conseguía maravillas de sus bestias marinas, de sus ángeles voladores, de sus fieras más feroces en tierras de nadie.

Empujadas al olvido, hambrientas y sedientas de placer, sucumben ante sus ojos y dibujan figuras grotescas al tiempo que sus cuerpos vibran en esos mil tonos que avecinan la muerte de las máscaras, de las corazas de hojalata que revisten sus victorias con plumas negras de papel.

Recuerda que son sus muslos
los que aprisionan la sábana,
los que rodean la silla
y esquivan tus jadeos,
precipitados bajo un velo…
donde no hay otro ser que someta tus labios al sabor de la lujuria.

Ser de uno, hielo y fuego, hacen de ti su piel.


… y ahora, Ve!!


16/10/07

Un canto...




Y en aquella noche de otoño, la brisa
se hizo un ovillo en el poyete de su ventana,
atrapó sus piernas como si de columnas se trataran
y se abrazó con fuerza.
El laurel con olor a jazmín
le guiñó un ojo y plateó su manto,
abriendo su pecho,
aullando a las estrellas,

y ellas danzaron de mil colores
saltaron y sintieron
se hicieron más bellas y más fuertes que nunca

porque el brillo en los ojos del niño
que no era tan niño,
les entregó su alma,

y ahora le sonreían
…gusto, Vida, sed…
el siempre “Gran Mimado”
les guardaría desde su regazo.




15/10/07

El Vuelo de las voces



Y fue entonces cuando la caída de las torres, la explosión de las murallas, provocó tal estruendo que hasta el agua enmudeció, las alas de fuego alzaron el vuelo, dibujando una flor sobre el pecho del guardián de los oídos del universo.

Un diamante posado sobre su mejilla, un lunar índigo, marcaría por siempre el emblema de la dinastía poseedora de la llave. Una única puerta a la esencia, sobre los labios mudos, violados por la rosa carmesí.




13/10/07

Gato negro



Una estrella de caramelo con traje de fuego, un carruaje.

Le pido a la noche que robes mi pecho, que muerdas su punta,
que saques mi alma en el pezón de nuestro universo.

Tú rozas mis labios y sobre tus dedos se vuelca mi celo,
endurece la fiel piruleta del niño travieso.

A cuatro meses, cinco años, menos una hora… en quince minutos,
las botas y el sensual contoneo de un gato negro
aúllan morir…

… el mar clavado en mis ojos
Una noche sin luna
tira de él… hazme caer

Bajo un cielo negro.



9/10/07

De su olor


Lo que parecía tan sencillo. Las hojas acumuladas junto al bordillo, sus viejos pantalones, raídos por el roce de sus largos dedos y sus grandes piernas al caminar. Sostiene un periódico entre sus manos y apenas se le ve moverse. Hubiera trasladado su fría silueta a cualquier lugar del mundo, en cualquier estación y siempre sería igual; las hojas, los mismos pantalones y un periódico, un viejo periódico, entre sus jóvenes y dulces manos.

Aquella mañana su erección fue descomunal, saltó de la cama y se dio una ducha de agua casi helada para templar sus ansias. La joven de enfrente, la que se le muestra descarada todas las noches a través de la ventana, estaba calando a fondo en sus ímpetus más despreciados.

Cada atardecer sus altavoces resoplan en la distancia y cada anochecer, una bella silueta danza sin perjuicios, alterando todos los órdenes tangibles, alimentando su deseo y dándole poco a poco un hechizo del que nunca pensó que se pudiera beber. Su semen acababa recorriendo sus muslos, rozando el suelo con la cola endiablada del que acecha a su víctima, sin saber que es él quien rinde sus pasos a un ángel de cuero, que bebe su sangre, hasta el amanecer.



8/10/07

El quinto Querubín



Ha parido allí, al pie de escaleras de piedra. Mantiene a su retoño acurrucado junto a su pecho, dándole el calor que necesita, no le retira la mirada, es su sueño y ahora late, ahora necesita más que nunca de sus caricias, de su sonrisa.

El ombligo del mundo.

Crézcase el que siente paletear sus nalgas por el cuidado que guía. Crézcase el que de cada brizna de lujuria haga un manto con el que poder resguardarse en las noches que han de venir. Y crézcase, el que en su vicio dé de si la mayor de sus ternuras, el más humilde de sus deseos,
que en jarra de plata, en bandeja de cobre rojo… todo está por llegar,

toro, hombre, león y águila.


Mi querubín.


5/10/07

Juegos de Ninfas




Joe sigue visitándome, sigue apareciendo entre las sombras, dibujándose en la pared como una muñeca de humo negro.

Hay una mesa, sus piernas, rozando la levedad. Un mero artilugio dónde reposar mi descanso, descarado, un transgresor de normas santificadas que dejan caer sus polvos sonrosados sobre las mejillas, acompañado por el movimiento de sus muslos, diminutos, son pequeñas esquelas blancas de
Perversiones, con risas sarcásticas, mientras puedo leer cada uno de sus párrafos lentamente y sonreír.

Pero hoy será esa sonrisa dulce, tan dulce que abraza el ambiente creando una burbuja, la que la envolverá para llevarla hasta el baño. Allí debe seguir y continuar con mi dictado.


3/10/07

Las tres hojas de Zeus


Desnuda tu pecho y cuando salgas, por el pasillo de hojas, levanta la mirada y mira esas tres que se ven perder en verde y dorar, rígidas, el agua de estos días las mantiene erectas, verdad?. Mira también su tronco, cómo ha cambiado, observa el rugir de los motores, apagados por el chapotear de un nuevo ciclo.

A un pequeño empuje, una pequeña brisa, un roce enajenado a lo que ocurre en su interior, se liberarán. Plantéate en que lugar pueden ir a dejarse, apagando sus silbidos, su sugerente movimiento circular, desposeído del peso de su estirpe blanquecina.

Crepitar de un otoño naciente, por qué no? Por qué desposeer a la naturaleza de una madurez implacable, en momentos en los que todo queda reservado a la más pura de sus estructuras? guardado, desnudo, ofreciéndose a dar fuerza a un crecimiento que meses atrás no hizo más que volar y sufrir la sequía de un aprendizaje que ahora, de oro, sangre y plata se viene a calzar. Escucha los pasos más firmes de la hija de Ceres, así debió cumplir sus años.

Empiezo a amar el otoño, la que siempre sonríe en primavera.