Me contaron, que me había abrazado el fuego, que con su lengua horneó delicias carnosas, que los aullidos son suspiros de pasiones, que la lava es la lujuria de las entrañas. Me contaron que pedía más, que arqueaba mi cuerpo mullido por el compás, que las caricias más frívolas no dejaban de quemar y danzaba en la locura sin parar.
Ellos decían que las máscaras desgranaban la mirada del vicio más suculento, enfebrecida en los destellos luminosos de la perdición, provocadora, retadora. También me contaron, que me arrastraba como una gata, que buscaba placer constantemente, que distraída besaba tu cuello y mordía tu vientre.
… quizás nunca sepas lo que tus ojos me contaron

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